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Todas las claves para recuperar los suspensos en vacaciones

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Las notas de final de curso siempre hacen sufrir a la familia. Luego, en los mejores casos, las buenas calificaciones son motivo de alegrías. En los peores, los suspensos, además de desatar conflictos y disgustos, ponen patas arriba todos los planes del verano. Pero ni hay que hacer un drama, ni pasarlo por alto, aconsejan los expertos. En vacaciones, hay tiempo para todo: se puede estudiar, aprender y preparar los exámenes de recuperación de septiembre, y también disfrutar y divertirse sin agobios ni presiones. «El día es muy largo y el niño tiene que convivir, compartir con sus amigos, con su familia… Es necesario para su inteligencia emocional».

Afrontar los reveses académicos de los hijos siempre cuesta, y más a ellos, pero «nunca hay que dejar que se conviertan en una penitencia para la familia», como recomienda Juan Antonio Perteguer, educador y profesor. Ni tampoco que sean motivos de riñas y castigos. Ya es suficiente penitencia para el alumno estudiar durante las vacaciones escolares para recuperar en septiembre y sobreponerse al disgusto que supone el hecho de suspender.

Perteguer aconseja que siempre antes de ponerse a la tarea se «dejen unos días de descanso escolar», nada más terminar las clases, y después se organice el trabajo del verano. Para ello todos los expertos coinciden: padres e hijos lo primero que deben hacer es analizar con el profesor el motivo del suspenso. Hay miles: desde problemas familiares, una enfermedad, o un cambio de colegio al desinterés por una asignatura, la ausencia de hábitos y técnicas de estudio o de voluntad o de motivación… Y siempre se escucharán excusas del tipo«el profe me tiene manía».

Dos o tres horas al día

Una vez identificado cuál es el origen de las malas notas, entre todos se traza una hoja de ruta para estudiar. «Hay que ser flexibles, pero el niño tiene que saber que debe cumplir un horario de estudio diario, por ejemplo repasar por la mañana y jugar por la tarde».

Perteguer estima que «un esfuerzo de dos o tres horas diarias es suficiente para aprobar en septiembre, siempre que se establezca un horario acordado con el alumno». Precisamente, pactar con el estudiante la hoja de ruta es uno de los requerimientos que ninguna familia se puede saltar. «El plan de trabajo se diseña con el estudiante». «Será razonable y realista, negociado. Incluso conviene redactarlo y firmarlo. Debe dejar tiempo para todo: estudio, diversión en familia, con amigos, aficiones…». El pedagogo aconseja también establecer y acordar qué ocurrirá si el plan no se lleva a cabo. «Si se incumple se retiran privilegios. Si se cumple se respetan».

Mensajes de ánimo

Las cosas resultan más fáciles si todo ese esfuerzo va acompañado demensajes positivos, «de ánimo». «Los padres tienen que valorar los pequeños progresos de su hijo y no el resultado final. El niño debe sentir que valoran su esfuerzo, ayudándole y destacando lo que hace bien y no repitiendo lo que hace mal».

Suspensos se producen en todos los cursos, también en los de Primaria. Cerca de un 16% de alumnos ha repetido alguna vez en ese ciclo. Pero es en Secundaria donde el fracaso en los estudios se hace más evidente: el 38% de los alumnos de 15 años han repetido algún curso. Primero de la ESO suele ser el año que se hace más cuesta arriba para los chicos. «El paso de Primaria a Secundaria es un reto para el alumno porque tiene que adaptarse a una exigencia mayor y se le pide también mayor rendimiento. Las materias tienen gran carga de contenido».

Muchas veces se cambia de centro, de compañeros de clase, de tutores… Por si fuera poco, a eso hay que añadir los vaivenes de la adolescencia. Por todo ello, es muy frecuente que alguna o algunas asignaturas queden colgando para septiembre.

La familia, en estos casos, tiene que valorar la necesidad de que el alumno acuda a una academia. «Muchos padres que trabajan optan por esta eficaz solución cuando el alumno ha suspendido varias asignaturas o cuando ellos no les pueden ayudar en determinadas materias.

También los aprobados

El estudio no es solo para los que han suspendido, también los que aprueban y obtienen buenas calificaciones deben continuar trabajando, pero sin ninguna presión. Muchos centros  ofrecen propuestas de repaso, que «no deben tomarse como una obligación. Pero el niño no puede estar dos meses sin hacer nada, ya que el hábito de estudio y trabajo diario lo pierde, así como olvidan algunos conceptos trabajados durante el curso».

Los expertos recuerdan un apunte final: si bien el suspenso no se castiga, el aprobado o las buenas notas sí se premian, pero con mesura: se recompensa y valora el esfuerzo, se elogia el trabajo realizado, que a la vez es un deber, pero los buenos resultados no se compran.

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